Temporada Verde en Cuarta Pared: cuando el teatro decidió pensar el clima
- Manuel Alméstar
- hace 1 día
- 4 Min. de lectura
La Temporada Verde de la Sala Cuarta Pared cierra su recorrido dejando algo más que tres estrenos teatrales. A través de Solarpunk, Animales en apnea y Viernes I’m in Love, el proyecto convirtió la emergencia climática en materia escénica y reflexión colectiva. Ciencia, dramaturgia y compromiso social se encontraron en un laboratorio que demuestra que el teatro aún puede ser un espacio donde imaginar futuros posibles y cuestionar el presente.

Cuando la Sala Cuarta Pared anunció su Temporada Verde, la propuesta parecía ambiciosa: convertir el cambio climático —un fenómeno que solemos abordar desde datos científicos o discursos políticos— en material dramatúrgico. Hoy, tras el cierre del ciclo, la iniciativa se confirma como una de las apuestas más interesantes del teatro madrileño reciente: un laboratorio donde arte y ciencia dialogaron para explorar las implicaciones sociales, emocionales y políticas del colapso ambiental.
El proyecto comenzó con una convocatoria que reunió a 115 dramaturgos y dramaturgas. Quince fueron seleccionados para un laboratorio de escritura acompañado por científicos del CSIC, la AEMET y especialistas en transición ecológica. Este encuentro entre conocimiento científico y creación teatral no fue un gesto simbólico, ya que permitió que las obras nacieran desde una comprensión profunda del problema climático.
De ese proceso surgieron cinco textos, tres de los cuales terminaron llegando a escena: Solarpunk, de Ruth Rubio; Animales en apnea, de Juan Asego; y Viernes I’m in Love, de Sandra Arpa. Tres obras distintas en tono, estética y discurso, pero unidas por una pregunta común: cómo representar escénicamente el colapso ambiental sin caer en el didactismo ni en el catastrofismo paralizante.
Solarpunk: Un futuro donde el sol tiene dueño

La temporada se abrió con Solarpunk, una distopía que imagina un mundo donde el sol ha sido privatizado. La premisa, tan absurda como inquietantemente plausible, funciona como metáfora de un sistema económico capaz de convertir incluso la luz natural en mercancía. Ruth Rubio construye una sociedad donde el día y la noche se simulan mediante pantallas y donde la energía se distribuye a través de suscripciones lumínicas. Lo que podría haber sido una simple fantasía futurista se convierte en una sátira incómoda sobre la lógica del capitalismo contemporáneo.
Más allá de la ciencia ficción, la obra puso el foco en el poder: quién controla los recursos naturales y quién decide su valor. En ese sentido, Solarpunk conecta con debates jurídicos y políticos sobre la propiedad de la naturaleza y el papel de las corporaciones en la gestión de bienes comunes. La pieza dibuja así una sociedad agotada, donde parte de la ciudadanía ha renunciado a la esperanza y ha aprendido a convivir con la idea de que incluso el sol puede tener dueño.
Animales en apnea: El ecodrama de lo cotidiano

Si Solarpunk mira hacia el futuro, Animales en apnea se sitúa en el presente más inmediato. La obra parte de un hecho real: la aparición de un cachalote muerto con 37 kilos de plástico en su estómago. A partir de este suceso, Juan Asego construyó un relato ambientado en Almería que combina drama familiar, denuncia ambiental y poesía escénica. El paisaje del sur —mar, costa e invernaderos— se conviertió en metáfora de una economía que depende de un equilibrio cada vez más frágil.
La pieza evita el discurso moralizante y opta por mostrar cómo el impacto del cambio climático se infiltra en la vida cotidiana. No se trata de un desastre excepcional, sino de una realidad que convive con nosotros. El resultado es un ecodrama que revela hasta qué punto el consumo global tiene consecuencias íntimas y locales.
Viernes I’m in Love: La generación que heredó la crisis

La Temporada Verde concluyó con Viernes I’m in Love, una obra que pone el foco en la juventud que ha crecido bajo la amenaza del colapso climático. Inspirada en el movimiento Fridays for Future, la pieza de Sandra Arpa exploró la ecoansiedad, la frustración y la esperanza de una generación que se pregunta qué sentido tiene planificar el futuro cuando el planeta parece acercarse a un punto de no retorno.
La obra alterna la historia de tres jóvenes activistas con la de dos madres que intentan comprender el mundo que sus hijos habitan. Ese cruce generacional revela una tensión profunda: la conciencia de haber heredado un sistema fallido y la necesidad de imaginar alternativas.
Paralelamente, la obra introduce la historia de dos madres que intentan comprender el mundo que sus hijos habitan. Su presencia abre una dimensión generacional que evita caer en el simplismo de culpar al pasado. En su lugar, aparece un diálogo complejo entre generaciones: una mezcla de incomprensión, culpa y deseo de reparar lo que quizá ya no tiene solución sencilla.
La dramaturgia incorpora además elementos poéticos y simbólicos, como el viaje de tres jóvenes que atraviesan el espacio-tiempo sobre sus bicicletas en busca de identidad. Este recurso escénico convierte el relato en algo más que una crónica social: lo transforma en una reflexión sobre el tránsito hacia la adultez en un mundo que parece tambalearse.
La pregunta que atraviesa la obra —“¿De qué sirve ir a la escuela si no tenemos futuro?”— resume con crudeza el sentimiento que sobrevuela toda la pieza. No se trata solo de una consigna del activismo climático, sino de una inquietud generacional profunda: cómo imaginar proyectos de vida en un contexto donde el horizonte parece cada vez más incierto.
Viernes I’m in Love logra así algo poco frecuente: hablar del colapso climático sin reducirlo a un problema ambiental. La obra muestra cómo esta crisis atraviesa la identidad, las relaciones, los deseos y los miedos de quienes crecerán en un planeta transformado. Un retrato sensible de una generación que no se resigna a heredar el desastre y que, incluso desde la fragilidad, insiste en imaginar alternativas.
La Temporada Verde se despide dejando una certeza: el colapso ambiental no es solo un problema científico o político. También es un desafío cultural. Y el teatro, afortunadamente, sigue dispuesto a enfrentarlo.

















Temporada Verde en Cuarta Pared: cuando el teatro decidió pensar el clima