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Vincent River: el odio contado desde los que sobreviven

  • Foto del escritor: Manuel Alméstar
    Manuel Alméstar
  • 24 ene
  • 3 Min. de lectura

¿Qué ocurre cuando el odio deja de ser un titular y adquiere rostro? ¿Qué pasa cuando el silencio pesa más que las palabras y mirar hacia otro lado ya no es una opción? Vincent River nos enfrenta a esas preguntas incómodas desde la cercanía del teatro, invitándonos a escuchar allí donde la violencia suele ser ignorada.


Poncia
"Vincent River", Teatro Fernán Gómez. @SinCriticart

El Teatro Fernán Gómez presenta Vincent River, texto del dramaturgo británico Philip Ridley, una pieza dura y contenida que pone el foco en los crímenes de odio motivados por la orientación sexual, un contexto que no nos es ajeno. En España, los delitos de odio por orientación sexual e identidad de género constituyen ya la segunda causa registrada tras el racismo y la xenofobia. En 2024, según datos del Ministerio del Interior, más del 25 % de los casi 2.000 hechos investigados estuvieron vinculados a la LGTBIfobia. Estas cifras se quedan cortas, ya que la infradenuncia sigue siendo elevada y organizaciones como la Federación Estatal LGTBI+ alertan de decenas de miles de agresiones que nunca llegan a contabilizarse. En este sentido, Vincent River no ilustra estadísticas; las humaniza.


La obra relata el encuentro entre Anita, madre de Vincent —un joven asesinado por ser gay—, y Davey, un adolescente que fue testigo del crimen: dos desconocidos unidos por la culpa, la necesidad de comprender y la urgencia de poner palabras a lo innombrable.


Bajo la dirección de Pilar Massa, la propuesta huye deliberadamente del histrionismo. Massa apuesta por la naturalidad y la cercanía, adaptando la pieza a un formato íntimo y de escala reducida que transforma al público en un tercer personaje silencioso, presente en escena. Esta elección no es casual, ya que la obra ha podido girar por distintos espacios de España precisamente gracias a ese planteamiento sobrio y flexible. La escenografía de Miguel Delgado configura un espacio diáfano que sugiere el interior de un apartamento, funcional y reconocible, aunque su marcada concentración espacial condiciona en algunos momentos el desarrollo de la acción escénica. Por su parte, la iluminación de Olga García cumple eficazmente su función de delimitar el espacio y situar a los intérpretes, pero se mantiene en un registro principalmente descriptivo, sin llegar a acompañar de forma orgánica la evolución emocional y dramática del texto.


En escena, Pilar Massa articula una Anita de gran precisión técnica, construida desde la contención y el trabajo interno más que desde la exteriorización emocional. Su interpretación evoluciona de un hermetismo casi defensivo —sostenido en silencios densos y una corporalidad cerrada— hacia estallidos de rabia controlada, para desembocar finalmente en una vulnerabilidad expuesta, profundamente humana, que evita en todo momento el subrayado melodramático. Frente a ella, Eduardo Gallo compone un Davey aparentemente blindado, protegido por una coraza de rudeza y complacencia social, tras la que se esconde un personaje frágil y en plena búsqueda identitaria. Su interpretación destaca por la riqueza de matices con la que transita la duda, el miedo y la culpa, sosteniendo una evolución creíble que va desmoronando progresivamente esa fachada de dureza. Ambos personajes comparten una misma pulsión dramática: la urgencia de hablar para comprender y de comprender para poder seguir viviendo.


Más allá de sus decisiones formales, Vincent River interpela directamente al presente. En un contexto donde los discursos de odio se normalizan y la violencia vuelve a encontrar altavoz, esta obra recuerda que detrás de cada titular hay cuerpos, familias, heridas que no cierran. El teatro, aquí, no ofrece respuestas ni redención: ofrece escucha.


Vincent River puede verse en el Teatro Fernán Gómez hasta el 22 de febrero. Un espectáculo muy necesario, incómodo y honesto que nos obliga a mirar allí donde muchas veces preferimos apartar la vista. Porque mientras el odio siga matando, historias como esta seguirán teniendo que contarse.


VINCENT RIVER | Autor: Philip Ridley; Versión y adaptación: Manuel Benito; Dirección: Pilar Massa; Intérpretes: Pilar Massa y Eduardo Gallo; Escenografía y Vestuario: Miguel Delgado; Iluminación: Olga García; Diseño gráfico: David de la Torre; Fotografías: Sofía Moro; Ayudante de dirección: David Tortosa; Producción ejecutiva: Meta Producciones Escénicas; Una producción de la Compañía Pilar Massa

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1 comentario

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SinCriticArt
24 ene
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Ambos personajes comparten una misma pulsión dramática: la urgencia de hablar para comprender y de comprender para poder seguir viviendo.

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