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  • Foto del escritorPierrick Massé

LA SONNAMBULA de Vicenzo Bellini.

Actualizado: 21 abr

DATOS PRÁCTICOS

Fechas: del 15 de diciembre 2022 al 06 de enero 2023

Entradas: De 17 a 470 euros ver enlace



EL ICONO DEL BELCANTISMO ROMÁNTICO VUELVE A MADRID

Se ofrecerán 13 funciones de La sonnambula, entre los días 15 de diciembre y 6 de enero, en una nueva producción del Teatro Real, en coproducción con el Teatro Nacional de Tokio, el Gran Teatre del Liceu de Barcelona y el Teatro Massimo de Palermo.


Bárbara Lluch, que debuta en el Teatro Real como directora de escena, rehúye la visión bucólica de la ópera, desenmascarando a una sociedad rural despiadada, hostil, supersticiosa y machista.


Maurizio Benini, gran experto en el repertorio lírico italiano, volverá a dirigir un título de Bellini en el Real, después del éxito de su versión de Il pirata, en 2019.


Estará al frente del Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real y de un doble reparto de grandes voces: Nadine Sierra -que debuta en Madrid- y Jessica Pratt (Amina); Xabier Anduaga y Francesco Demuro (Elvino); Rocío Pérez y Serena Sáenz (Lisa); Roberto Tagliavini y Fernando Radó, (El conde Rodolfo) y Monica Bacelli y Gemma Coma-Alabert (Teresa).




Esta ópera, icono del belcantismo romántico, galvanizó al público de Madrid desde su estreno en el Teatro Príncipe en 1834, siendo representada con mucha frecuencia y protagonizada por algunas de las más grandes voces del siglo XIX -como Giulia Grisi, Giovanni Battista Rubini, Marietta Alboni o Adelina Patti- originando crónicas arrebatadas de Mariano José de Larra, Benito Pérez Galdós o Juan Ramón Jiménez, entre otros.


El tema del sonambulismo -epítome del espíritu romántico por la transcendencia de lo racional, la ensoñación y la ‘verdad’ escondida en el desorden del inconsciente-, inspiró a Vincenzo Bellini (1801-1835) para crear algunas de sus melodías más sublimes que, con una orquestación de gran expresividad y exquisita sensibilidad, han logrado plasmar el éxtasis, la inocencia, el delirio y lo inefable solo posible a través de la música.


Felice Romani (1788-1865), poeta, dramaturgo y prolífico libretista con el que Bellini trabajó en siete de sus diez óperas, parte del argumento endeble de un ballet -La sonnambule, ou L'arrivée d'un nouveau seigneur, de Eugène Scribe- y construye una trama sencilla e inverosímil, basada en el tema recurrente de la mujer virgen, pura e inocente, cuyo erotismo emana de la sublimación de la pasión y el deseo que le son negados en una sociedad machista y opresiva, que juzga, difama y castiga impunemente.


Bárbara Lluch rehúye la visión bucólica e idealizada del ambiente rural, desenmascarando a una comunidad cerrada, supersticiosa y hostil, reflejada en el bello y jerárquico vestuario de Clara Peluffo, en la coreografía de Iratxe Ansa y en la escenografía que representa una naturaleza maltratada y herida diseñada por Christof Hetzer, con iluminación de Urs Schönebaum.


En ese decorado desasosegante y con la trama de la ópera concentrada en apenas 24 horas, ganan fuerza los sentimientos exacerbados de los protagonistas, la precipitación de los acontecimientos y la expresión de las emociones con la genial música de Bellini, que se concentra más en el alma de los personajes que en perfilar su personalidad, transcendiendo la inconsistencia del libreto con melodías de altísimo vuelo emocional.


Para logarlo, La sonnambula necesita un quinteto protagonista que deberá conciliar el virtuosismo vocal con una refinada sensibilidad musical. En el Real actuarán dos repartos encabezados, en el rol titular, por Nadine Sierra -que debutará el papel de Amina- y Jessica Pratt, veterana intérprete de ese personaje. Estarán secundadas por Xabier Anduaga y Francesco Demuro (Elvino); Rocío Pérez y Serena Sáenz (Lisa); Roberto Tagliavini y Fernando Radó, (El conde Rodolfo); y Monica Bacelli y Gemma Coma-Alabert (Teresa).


Maurizio Benini, que en el Teatro Real ha dirigido Tosca (2004), L’elisir d’amore (2006), Il trovatore (2019), e Il Pirata (2019) volverá a dirigir el Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real en una partitura de Bellini, en cuya música es un gran especialista.


Desde la reapertura del Teatro Real, La sonnambula sólo se ha presentado en abril de 2000 con Richard Bonynge en la dirección musical y Mauro Avogadro en la dirección de escena, contando con Annik Massis y María José Moreno en los papeles titulares.


Esta ópera, tan querida por los melómanos de Madrid, volverá ahora con una lectura audaz y contemporánea, que confronta al espectador con lo que subyace bajo los estereotipos del romanticismo belcantista, gracias a la interpretación de dos excelentes elencos.





ARGUMENTO:

Acto I. Escena I

La plaza de una aldea de los Alpes suizos, en el siglo XIX. A un lado, la posada de Lisa, hermosa mujer coqueta e intrigante, a cuyo amor aspira el joven campesino Alessio, de buen corazón pero sin muchos medios de fortuna. Lisa, en realidad, querría recuperar el amor de Elvino, antiguo pretendiente, campesino más rico que Alessio, prometido ahora de la joven huérfana Amina, a la que la molinera Teresa acogió en su casa dándole su cariño.


Un nutrido grupo de campesinos muestra su alegría por la celebración de los esponsales de Amina y Elvino: se va a firmar el contrato nupcial y al día siguiente se celebrará la ceremonia religiosa. Lisa, envidiosa, no soporta que el pueblo entero alabe la belleza y cualidades de su rival Amina. Alessio, encargado de organizar los festejos, es tratado con altivez por Lisa. Amina, turbada ante los elogios de todos, desea a la pareja amor y felicidad.


Llega el notario. El novio aún no se ha presentado, y a todos resulta extraño este hecho. Por fin aparece Elvino, y explica que se había detenido a orar ante la tumba de su difunta madre, cuya bendición desde el cielo ha implorado para su boda, y entrega a la novia el anillo que le había pertenecido: Amina será tan buena esposa para él como su madre lo fue para su progenitor. El notario procede, y pregunta a los novios cuál es su aportación al matrimonio: todas sus tierras, Elvino; sólo su corazón, Amina, lo cual, en opinión de su amado, lo es todo.


Un carruaje se detiene en la plaza, del que desciende un misterioso caballero de edad madura. Rodolfo, que así se llama el personaje, se dirige al grupo de los presentes y pregunta si falta mucho para llegar al castillo del conde. Lisa, siempre calculadora, ofrece al caballero su posada asegurando que no podrá llegar más que a noche cerrada. Rodolfo acepta encantado su proposición y reconoce encantado el lugar donde, afirma, pasó hermosos días de juventud, al tiempo que se informa de las circunstancias de la boda, alabando la belleza y gentileza de la novia; ello despierta los celos de Elvino, que debe callar ante un caballero de tanta alcurnia.


Rodolfo no quiere revelar su identidad: en realidad es el conde, venido de lejos a hacerse cargo del castillo de sus difuntos padres. Teresa advierte entonces a los presentes que ya es hora de retirarse. A preguntas del conde, le explican que a esas horas suele vagar por el lugar una terrible presencia, un fantasma: Rodolfo se ríe de tal superstición, augurando para aquellas tierras la pronta desaparición del espectro. El conde se retira a descansar a la posada de Lisa, los campesinos hacen lo propio, y Amina hace prometer a Elvino que olvidará sus celos injustificados. Las sombras invaden la plaza, que va vaciándose poco a poco.


Escena II

El interior de la alcoba de Rodolfo en la posada. Se ve una gran ventana al fondo. Lisa, a la que el alcalde ha informado, junto con el resto del pueblo, de la verdadera identidad de éste, acude a su cuarto a rendirle pleitesía, deseosa de que ello le reporte algún futuro beneficio. El conde acepta encantado la visita de la posadera, en la que intuye alguna posibilidad amorosa. En ese momento se oye un ruido tras la ventana, y Lisa, que no quiere ser descubierta a tales horas en la habitación de un hombre, se esconde, perdiendo su pañuelo con las prisas. En la ventana aparece Amina, que caminando dormida se imagina cómo será su boda con Elvino. El conde queda conmovido ante la bondad de corazón de la joven, y de su hondo amor por Elvino, y abandona ciertas ideas que mal encajarían con la virtud de la joven. El conde recoge el pañuelo y lo deja caer en la cama: reconoce que la joven es sonámbula. Amina se tumba en el lecho y sigue durmiendo.


En ese momento se oyen las voces de los campesinos que, a pesar de la hora, acuden a presentar sus respetos al conde. Lisa sale de su escondite, contempla a Amina en la habitación y comprende encantada que su rival va a perder la reputación. El conde, asustado por las circunstancias, decide marcharse de la posada y sale por la ventana, cerrándola tras de sí.Los campesinos entran y comprueban que el conde no se encuentra allí, y también que hay otra persona: una mujer. Momentos más tarde comprueban horrorizados que la mujer es Amina.


Elvino, entra en la habitación seguido de Teresa y no da crédito a sus ojos. Ante sus gritos, Amina se despierta, se sorprende de hallarse allí, pero de nada le sirven sus protestas de inocencia: nadie la cree, y menos que nadie Elvino, que la rechaza violentamente. Amina busca consuelo en Teresa, la cual anuda el pañuelo de Lisa en el cuello de Amina, creyéndolo de la joven. Amina está desesperada. Todos, excepto Teresa, la abandonan.


Acto II. Cuadro I

Nos hallamos ahora en la colina cercana al castillo del conde Rodolfo. Un grupo de preocupados campesinos acuden al castillo para pedir al conde que ayude a probar la inocencia de Amina. Teresa y Amina, que también acuden a solicitar la ayuda del conde, se detienen un momento en su camino. Pasa entonces Elvino, cabizbajo y ofendido. Amina se acerca hasta él y le ruega que acepte sus explicaciones de honradez, pero él le quita el anillo que le había entregado, y ni siquiera las palabras de los campesinos, que regresan con la garantía de inocencia del conde, consiguen que cambie su actitud. Amina, desesperada, cae desmayada en brazos de su madre.


Cuadro II

En la plaza de la aldea. Lisa, como de costumbre, discute con Alessio, cuyo amor sigue rechazando. Aparece un grupo de campesinos que anuncian alegres la próxima boda de Lisa y Elvino: éste acude en persona a formular a Lisa su propuesta, que la joven acepta encantada sin importarle que Elvino se case con ella por despecho.


La pareja se encamina hacia el templo, pero hace su aparición el conde, quien asegura a Elvino que Amina es inocente. Él le pide que justifique la presencia de la muchacha en su alcoba, y Rodolfo explica a los presentes que hay personas, los sonámbulos, que caminan y contestan a quienes les hablan estando profundamente dormidos, mas nadie da crédito a sus palabras, a pesar incluso de su condición de señor de aquellas tierras.


Al oír los gritos, Teresa sale de casa y pide a todos que callen: Amina, al fin, ha logrado conciliar el sueño. Todos obedecen. Teresa repara entonces en lo que está sucediendo. Lisa le dice que se casa con Elvino porque a ella no la han sorprendido de noche en la habitación de un hombre. Teresa, indignada, muestra a todos el pañuelo que ésta perdió en la alcoba del conde, quien discretamente se queda callado. Lisa no sabe qué explicación dar; Elvino se aparta de ella horrorizado, preguntándose sobre la existencia de la virtud entre las mujeres y del amor verdadero. En ese momento Amina sale por la ventana del molino, y el conde lo indica a todo el mundo.


La joven emprende su sonámbulo paseo; corre el riesgo de caer sobre la rueda del molino, pero se salva; habla en sueños, y por sus palabras todos comprenden que está enamorada de Elvino. El conde, empujando al muchacho, le dice que haga lo que Amina le pide en sueños, y éste le devuelve el anillo. Los aldeanos estallan en gritos. Amina se despierta, y ve maravillada que Elvino le solicita su perdón y que todos aclaman su inocencia. El canto de Amina, camino por fin del altar del brazo de su amado, concluye la ópera con la expresión de su extasiada felicidad.


La sonnambula

Vincenzo Bellini (1801-1835)


Melodramma en dos actos


Libreto de Felice Romani, basado en el ballet-pantomima

de La sonnambule ou L’arrivée d’un nouveau seigneur de Eugène Scribe


Estrenada en el Teatro Cercano de Milán el 6 de marzo de 1831

Estrenada en el Teatro Real el 6 de diciembre de 1850


Nueva producción del Teatro Real en coproducción con el New National Theatre Tokio, el Gran Teatre del Liceu de Barcelona y el Teatro Massimo di Palermo.




EQUIPO ARTÍSTICO

Director musical Maurizio Benini

Directora de escena Bárbara Lluch

Escenógrafo Christof Hetzer

Figurinista Clara Peluffo

Coreografos Iratxe Ansa, Igor Bacovich

Iluminador Urs Schönebaum

Director del coro Andrés Máspero

Asistente del director musical Jon Malaxetxebarria

Asistente de la directora de escena Marco Berriel

Asistente del escenógrafo Agnes Hasun

Asistente de la figurinista Agnes Costa

Reparto

Lisa Rocío Pérez (15, 18, 23, 26,29 diciembre; 2, 4 enero)

Serena Sáenz (16, 19, 27, 30 diciembre; 3, 6 enero)

Alessio Isaac Galán

Amina Nadine Sierra (15, 18, 23, 26, 29 diciembre; 2, 4 enero)

Jessica Pratt (16, 19, 27, 30 diciembre; 3, 6 enero)

Teresa Monica Bacelli (15, 18, 23, 26, 29 diciembre; 2, 4 enero)

Gemma Coma-Alabert (16, 19, 27, 30 diciembre; 3, 6 enero)

Notario Gerardo López

Elvino Xabier Anduaga (15, 18, 26, 29 diciembre; 2, 4 enero)

Francesco Demuro (19, 23, 30 diciembre; 3 enero)

El conde Rodolfo Roberto Tagliavini (15, 18, 23, 26, 29 diciembre; 2, 4 enero)

Fernando Radó (16, 19, 27, 30 diciembre; 3, 6 enero)


Bailarines Matteo Castelletta, Clémentine Dumas, Sephora Ferrillo, Maxime Guenin, Hannah, Ariadna Llusa Sanz, Nabar Jon Ander, Vilim Poljanek, Pauline Richard, David Serrano


Niños actores Aitana Delgado Benegas, Sofía García Martínez, Dalia Martínez Ortega, Zoe Martín Ovalle, Marco Martínez Ortega, Luis Navarro Contreras

Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real



Escúchala aquí




Fuentes: Teatro Real de Madrid

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