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  • Foto del escritorPierrick Massé

ARABELLA de Richard Strauss.

Actualizado: 21 abr

DATOS PRÁCTICOS

Fechas: del 24 de enero al 12 de febrero 2023

Entradas: De 17 a 470 euros ver enlace



El Teatro Real estrena Arabella, de Richard Strauss, que se presentará por primera vez en Madrid, 90 años después de su estreno.





Entre el 24 de enero y el 12 de febrero, a las 19.00 horas, el Teatro Real ofrecerá siete funciones de una nueva producción de Arabella, de Richard Strauss (1864-1949), que se presentará por primera vez en Madrid, 90 años después de su estreno en Dresden.

La génesis de esta ópera se remonta a 1927, cuando Strauss le pidió al poeta y dramaturgo Hugo von Hofmannsthal (1874-1929) –con quien colaboró en seis óperas– un texto que emulara El caballero de la rosa, con la que ambos habían triunfado. La comedia debería desarrollarse nuevamente en Viena, pero ahora con la trama desplazada al año 1860, cuando el imperio austrohúngaro se resquebrajaba bajo los oropeles de una aristocracia corrupta e hipócrita, empeñada en esconder su decadencia y ajena a las convulsiones políticas y sociales que se fraguaban fuera de los salones y las fiestas nocturnas.

El enredo parte de un tema aparentemente muy sencillo: un noble empobrecido por el juego y el despilfarro ofrece la mano de su hija mayor, Arabella, a ricos pretendientes, para así salvar a su familia de la trágica ruina económica.

La protagonista acepta ese papel degradante con arrojo, ocultando su humillación en un juego de seducción que cree controlar, hasta acabar con un rico y hosco provinciano ajeno a la hipocresía y depravación de los salones vieneses, en un agridulce ‘final feliz’, incapaz de ocultar los malos presagios de un futuro inquietante.

Esa alienación del convulso contexto político y social que retrata la ópera, la viven, también, curiosamente, el compositor y el libretista, creando una “comedia lírica” con reminiscencias de la opereta y el vodevil en los albores del nazismo, cuyos malos augurios afectarían al mismo estreno de la ópera, que ya no pudo ver Hofmannsthal, muerto repentinamente el 15 de julio de 1929, dos días después del suicidio de su hijo.

Las desavenencias con el régimen nazi apartaron del cargo de director musical de la Ópera de Dresden a Fritz Busch, dedicatario de la partitura, que iba a estrenar la obra. Lo mismo pasó con la soprano Lotte Lehmann, que no pudo interpretarla. Fueron reemplazados por el director Clemens Krauss, en el foso, y la que sería su mujer, la soprano Viorica Ursuleac, como protagonista, pero una convención de líderes nazis, a poca distancia del Teatro, acaparó todas las atenciones, pasando el estreno de Arabella casi inadvertido.





La ópera ha experimentado una creciente revalorización en los últimos años, gracias a interpretaciones musicales y dramatúrgicas más hondas y serias, que profundizan en lo que subyace bajo los cánones de la comedia. La música de Strauss, que nace de la prosodia de un texto de gran voltaje teatral, rico en requiebros y dobles sentidos, va dando voz a un reparto de personajes caricaturescos, perfilados con sutiles leitmotiv que articulan y entrelazan vals, polonesas, melodías eslavas, partes cantadas y habladas, con una orquestación genial, cristalina y minuciosa, que alcanza vuelos de grandísimo ímpetu emocional.

El director de escena Christof Loy, que siente por Arabella una especial afinidad, lleva profundizando en la lectura dramatúrgica de la obra desde hace casi dos décadas, ya que la producción que se verá en Madrid fue concebida inicialmente para la Ópera de Gotemburgo, en 2006, evolucionando desde entonces hasta su actual recreación en el Teatro Real.

Loy despoja la comedia de adornos, decoración palaciega y trajes engalanados, transformando su lujoso hotel en un espacio diáfano concebido por el escenógrafo y figurinista Herbert Murauer, en el que paneles deslizantes van dejando al descubierto las estancias interiores donde se desarrollan las sucesivas escenas de la ópera, transformando al espectador en un voyeur.

Los cantantes, actores y bailarines, ataviados en blanco y negro, se mueven como en una gran coreografía emocional, despojados de sus máscaras, en una lectura de gran hondura psicológica y meticuloso trabajo actoral, en el que destacan Sara Jakubiak (Arabella), Josef Wagner (Mandryka), Sarah Defrise (Zdenka), Martin Winkler (Conde Waldner), Matthew Newlin (Matteo) y Anne Sofie von Otter (Adelaide), que estrenó la producción.

David Afkham, gran conocedor de la música de Richard Strauss, dirigirá su segunda ópera en el Teatro Real, después de Bomarzo, en 2017, ya que La pasajera, de M. Weinberg, prevista para junio de 2020, se canceló por la pandemia. Estará al frente del Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real, que interpretarán la ópera por primera vez en Madrid, reparando una laguna inexplicable en el acervo musical del Teatro Real.




ARGUMENTO:

La bella pero orgullosa Arabella es la hija de la familia Waldner, quien se enfrenta a la ruina financiera a menos que Arabella se case con un marido rico. Arabella confía en casarse por amor y no por dinero; pero cuando un pretendiente aparece de repente, su felicidad se ve amenazada por una red de confusiones y decepción.

Acto I

En un hotel de Viena.

La condesa Adelaida hace que le pronostiquen el futuro. La adivina predice que Arabella se casará con un hombre que viene de lejos, pero que pueden aguardarle problemas en el futuro. Como resultado de la adicción del juego del conde, la familia Waldner se arruinará a menos que su hija Arabella se case con un hombre rico. La condesa cree que es el conde Elemer, pretendiente que Arabella ya rechazó hace tiempo. Como los Waldner no pueden permitirse casar a las dos hijas, visten a la hija menor, Zdenka, como un chico, y la presentan como "Zdenko". La echadora de cartas predice que las cosas pueden empeorar si los Waldner tienen otra hija, lo cual reduce las posibilidades de Zdenka de encontrar una historia amorosa con final feliz. La hija menor está enamorada de Matteo, un oficial sin dinero que ama a Arabella. Para evitar que él se suicide, Zdenka le escribe cartas de amor que firma con el nombre de Arabella. Zdenka reprocha a Arabella el trato poco amable que da a Matteo, pero Arabella dice que ella está esperando al "Hombre correcto," a quien pueda entregar su corazón por completo. Al mismo tiempo, Arabella es pretendida por tres caballeros: Elemer, Dominik y Lamoral, y admite que puede tener que aceptar a alguno de ellos, pero se ha enamorado a primera vista de un extraño al que ha visto al pasar por la calle.

El conde Waldner, totalmente arruinado, ha escrito a todos sus amigos para que le ayuden financieramente, pero sin éxito. Waldner confiaba en que un viejo e inmensamente rico amigo croata llamado Mandryka le respondiera; incluso le ha enviado un retrato de Arabella, proponiéndole matrimonio. Llega un visitante y el conde Waldner se queda sorprendido al ver que es su amigo Mandryka, sin embargo, entre un hombre diferente, quien resulta ser su sobrino, también llamado Mandryka. Su tío ha muerto y él, su único heredero, ha adquirido su fortuna, la carta y el retrato. Al ver el retrato, se ha enamorado de Arabella. Se ofrece en matrimonio a Arabella y da dinero a Waldner.

Se va a celebrar un baile de carnaval esa noche. Matteo le pregunta a "Zdenko", su amigo supuestamente masculino, cuándo recibirá otra carta de Arabella; "Zdenko" le dice que tendrá una esa misma tarde en el baile. Arabella sigue pensando en el extraño hombre que ha llamado su atención, pero cuando el conde Elemer llega para escoltarla para la tarde, ella intenta apartar estos pensamientos y ansía la excitación del baile.

Acto II

En un salón de baile.

Arabella conoce a Mandryka, quien resulta ser su fascinante desconocido. Mandryka le habla de su vida y las costumbres de su país, en el que las jóvenes ofrecen a sus enamorados un vaso de agua como señal de aceptación del matrimonio. Mandryka le dice a Arabella que ella será la señora de todas las cosas que él posee, y que ella será la única cosa que será colocada por encima de él aparte del propio emperador; Arabella finalmente se muestra conforme en casarse con él, diciendo, "Me entrego aquí, para toda la eternidad," la pareja es muy feliz y Mandryka se muestra conforme en la petición de Arabella de que se le permita despedirse de su doncellez, durante la cual ella agradece a sus pretendientes su interés en ella y los despide.

Mientras tanto, Zdenka le da a Matteo una carta con la llave de la habitación próxima a la de Arabella, prometiéndole que Arabella se reunirá con él allí. Mandryka lo oye y, loco de celos y decepción (aunque él al principio intentó escapar de estos sentimientos), suscita todos los comentarios, bailando con Fiakermilli, la bella del baile. Puesto que a Arabella no se la ve por ningún lugar, los Waldner insisten en que hable con Arabella para aclarar las cosas, y se marchan al hotel.

Acto III

En la recepción del hotel.

Un apasionado preludio orquestal representa el hacer el amor entre Matteo y Zdenka.

Arabella entra en la recepción y se cruza con Matteo. Como Arabella está enamorada de Mandryka y Matteo lo está de Arabella y cree que es con ella con la que acaba de hacer el amor, en una habitación a oscuras, su conversación es a la vez confusa y emotiva. El conde, la condesa y Mandryka llegan en ese momento, acrecentando la confusión. Después de que Mandryka acuse a Arabella de infidelidad y planee volverse a su tierra, entra Zdenka, sin disfrazar y en su negligee, dejando claro que ha sido ella quien durmió con Matteo. Declara que pretende ahogarse por tal desgracia. Al final se aclara la situación. Matteo descubre que las cartas fueron falsificadas por Zdenka, y que es ella y no Arabella con la que estuvo en la habitación. Sorprendentemente, se da cuenta de pronto que está enamorado de Zdenka, con quien acepta casarse. Mandryka se queda solo, para reconsiderar su comportamiento indecoroso y grosero, pensando que ha perdido a Arabella como esposa.

Arabella le pide a su criado que la traiga un vaso de agua, y Mandryka cree que ella lo ha pedido para refrescarse. Arabella sube escaleras arriba y Mandryka, lamentándose y culpándose a sí mismo, se queda abajo. Sin embargo, Arabella baja luego las escaleras y, al ver que él se ha quedado y habiéndolo perdonado, le ofrece el vaso de agua, en señal de reconciliación y matrimonio. Se besan felizmente y Arabella marcha arriba a las escaleras a su habitación.



Lyrische Komödie en tres actos

Música de Richard Strauss (1864-1949)

Libreto de Hugo von Hofmannsthal

Estrenada en el Sächsisches Staatstheater de Dresde el 1 de julio de 1933

Estreno en el Teatro Real

Nueva producción del Teatro Real, procedente de la Oper Frankfurt


EQUIPO ARTÍSTICO

Directores musicales | David Afkham

Jordi Francés - 12 feb

Director de escena | Christof Loy

Escenógrafo y figurinista | Herbert Murauer

Iluminador | Reinhard Traub

Coreógrafo | Thomas Wilhelm

Director del coro | Andrés Máspero

Reparto

Arabella | Sara Jakubiak

Zdenka | Sarah Defrise

Conde Waldner | Martin Winkler

Adelaide | Anne Sofie von Otter

Mandryka | Josef Wagner

Matteo | Matthew Newlin

Conde Elemer | Dean Power

Conde Dominik | Roger Smeets

Conde Lamoral | Tyler Zimmerman

La fiakermilli | Elena Sancho Pereg

La tiradora de cartas | Barbara Zechmeister

Zimmerkellner | José Manuel Montero

Welko | Benjamin Werth

Djura | Niall Fallon

Jankel | Hanno Jusek

Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real



Escúchala aquí




Fuentes: Teatro Real de Madrid

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