top of page

“Las heridas cerradas también sangran”: cuando el sistema que promete cuidar también hiere

  • Foto del escritor: Manuel Alméstar
    Manuel Alméstar
  • hace 3 días
  • 4 Min. de lectura

¿Y si la ansiedad, la depresión o el agotamiento que atraviesan a toda una generación no fueran únicamente un problema individual, sino también el síntoma de un sistema que nos exige demasiado y nos sostiene demasiado poco? Las heridas cerradas también sangran, primer proyecto de la compañía SCARNIO, pertenece a esa estirpe de piezas que buscan interpelarnos y preguntarnos, quizá con cierta incomodidad, cuánto de ese dolor es verdaderamente íntimo y cuánto ha sido fabricado por el mundo que habitamos.


Poncia
"Las heridas cerradas también sangran", Sala La Usina

Escrita e interpretada por Aitana Quiñoy y María Fariñas, fundadoras de la compañía, la obra se despliega durante noventa minutos como un dispositivo escénico de gran honestidad emocional. No asistimos únicamente a la representación de una historia, sino también a su radiografía: vemos la escena y, al mismo tiempo, el andamiaje que la sostiene. Todo sucede en tiempo real —música, luces, atmósfera— en una suerte de despiece dramatúrgico que deja a la vista tanto la carne como la estructura del relato.


Desde sus primeras secuencias, la obra aborda una cuestión central: ¿cómo estamos afrontando socialmente la ansiedad y la depresión en la gente joven? Y, más aún, ¿hasta qué punto esos diagnósticos pueden entenderse únicamente desde la esfera individual? La obra desplaza la mirada desde el síntoma hacia el contexto, introduciendo una lectura crítica y profundamente política del malestar contemporáneo. Aquí, la angustia no solo aparece como una anomalía privada, sino como una consecuencia de un ecosistema social atravesado por la hiperexigencia, la competitividad y la lógica del rendimiento.


Es inevitable encontrar resonancias con Black Swan o Whiplash, mundos donde la excelencia se convierte en mandato y el cuerpo, la mente y la biografía del individuo quedan subordinados a la necesidad de ser el mejor, incluso a costa de uno mismo. La autoexigencia, el desasosiego y la devastadora sensación de no ser suficiente atraviesan la pieza con una precisión dolorosa. Lo más inquietante es cómo el texto consigue evidenciar la paradoja de ciertos sistemas de cuidado: estructuras que afirman proteger mientras, simultáneamente, reproducen patrones de culpa, castigo y silenciamiento.


Sara y Lola —los dos personajes de esta historia— avanzan por ese espacio clínico y emocional como dos trayectorias inicialmente paralelas que, poco a poco, revelan una herida compartida. La obra rehúye con inteligencia la construcción de personajes antagónicos; no hay aquí binarismos fáciles ni oposiciones dramáticas convencionales. Lo que emerge son dos historias entrecruzadas que terminan funcionando como espejo generacional, como el retrato de parte de una generación marcada por la pérdida de horizonte, por la fatiga emocional y por la sospecha de que el mundo exterior quizá no sea más habitable que el interior del hospital psiquiátrico.


En lo escénico, uno de los grandes aciertos de la puesta en escena es la presencia del espacio sonoro en directo de María Castro, que opera como un verdadero tercer personaje. Su intervención invade, tensiona e interroga. La música y la atmósfera acústica construyen una presencia orgánica, intensificando la experiencia sensorial de la obra. En la misma línea, la iluminación de Dayana León, que sin necesidad de grandes artificios articula la dramaturgia con notable inteligencia, genera un espacio visual que enfatiza la fragilidad, el encierro y la fractura emocional de las protagonistas.


En lo interpretativo, merece ser especialmente subrayado el extraordinario trabajo de Aitana Quiñoy y María Fariñas. Ambas firman una actuación construida desde la herida, desde la verdad y desde un dolor que atraviesa tanto la escena como al espectador. La evolución de sus personajes parece emerger de un lugar profundamente honesto y real, generando una cercanía incómoda que angustia. Su trabajo escénico rehúye cualquier exceso melodramático y apuesta por una contención precisa e inteligente, que hace aún más visible la fractura interior de los personajes y amplifica la intensidad de su desarrollo interpretativo.


Entre las frases que resuenan más allá de la función, una se impone con fuerza: “si paras, estás mordiendo la manzana; el pecado original es la parálisis”. La sentencia condensa con enorme lucidez uno de los núcleos ideológicos de la obra: en la sociedad contemporánea, detenerse se vive como culpa, como fracaso, como transgresión. La quietud no es descanso, sino pecado. Quizá ahí radique la mayor potencia de Las heridas cerradas también sangran: en señalar que muchas de las heridas que creemos privadas son, en realidad, heridas estructurales. Heridas sociales. Heridas de época.


SCARNIO firma una pieza sobre la violencia silenciosa de los sistemas que producen sufrimiento mientras prometen cuidado. Un espejo incómodo, necesario y profundamente contemporáneo, que interpela al espectador mucho después de que caiga el telón. Una obra que no conviene perderse y que podrá verse en Sala La Usina hasta el 24 de abril.




LAS HERIDAS CERRADAS TAMBIÉN SANGRAN | Autoras y directoras: Aitana Quiñoy y María Fariñas; Compañía: SCARNIO; Elenco: Aitana Quiñoy, María Fariñas; Voz en off: Alba Tesías; Coreografía y dirección de movimiento: Alexandre Sierra y Ruth Ávila; Diseño de escenografía: María Fariñas; Diseño Cartel: Pedro Collar; Iluminación: Dayana León; Sonido: María Castro.

1 comentario

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
Sincriticart
hace 2 días
Obtuvo 4 de 5 estrellas.

¿Y si la ansiedad, la depresión o el agotamiento que atraviesan a toda una generación no fueran únicamente un problema individual, sino también el síntoma de un sistema que nos exige demasiado y nos sostiene demasiado poco? Las heridas cerradas también sangran, primer proyecto de la compañía SCARNIO, pertenece a esa estirpe de piezas que buscan interpelarnos y preguntarnos, quizá con cierta incomodidad, cuánto de ese dolor es verdaderamente íntimo y cuánto ha sido fabricado por el mundo que habitamos.

Me gusta
Te podría gustar también...

¿Quieres publicitar en [Sin]CriticArt?

Contáctanos para  llegar a una audiencia apasionada por el arte.

¡Contáctanos ahora!

[...]

SCA_TEXTO_BN.png

SinCriticart es una plataforma cultural dedicada a la difusión y el análisis del arte en vivo en todas sus expresiones. Desde la ópera y la zarzuela hasta el teatro y las artes escénicas contemporáneas, ofrecemos una mirada crítica y rigurosa pensada para espectadores curiosos y amantes de la cultura.

Contáctanos:

bottom of page