El Brujo y la extraña fuerza que mueve el mundo: La segunda venida de Cristo o el yoga de Jesús
- Manuel Alméstar
- hace 3 horas
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«Vais a salir de aquí diciendo: tienes que ir a verla… es rara». Lo advierte Rafael Álvarez El Brujo casi desde el principio. Y sí, La segunda venida de Cristo o el yoga de Jesús es rara. Afortunadamente rara. Porque uno entra al Teatro Alcázar dispuesto a escuchar una historia sobre Jesús, Yogananda y los antiguos yoguis de la India y termina, casi sin darse cuenta, asistiendo a una particular cátedra sobre la realidad.

El Brujo es una máquina. No para. Durante casi dos horas salta de los evangelios a las anécdotas, de San Juan a la India, de una carcajada a un silencio, de hace dos mil años a esta misma mañana. Habla, gesticula, interpreta, se desvía —y mucho— y finalmente regresa. Parece perder el hilo para demostrar, unos minutos después, que nunca lo había perdido. Él mismo reconoce que trabaja sobre una «estructura dramática abierta». La obra parece expandirse en todas direcciones, como si cualquier cosa que sucede fuera del teatro pudiera entrar de pronto en escena.
Pero entre tanta palabra, humor y aparente dispersión emerge la idea de que vivimos rodeados de miedo. Miedo al otro, a perder, a no llegar, a quedarnos fuera, a lo desconocido, al futuro. Hemos aprendido a producirlo, amplificarlo y administrarlo con eficacia. El miedo mueve votos, fronteras, mercados, guerras y conversaciones. Quizá sea una de las tecnologías de dominación más antiguas que existen y, al mismo tiempo, una de las más contemporáneas. Y entonces aparece Jesús, o Yogananda, o los yoguis de la India. Para El Brujo poco importa el nombre, porque una de las cosas más sugerentes de la obra es descubrir que, desde latitudes y tiempos extraordinariamente distantes, distintas tradiciones llevan siglos repitiéndonos que hay otra fuerza capaz de mover el mundo: el amor.
No ese amor romántico, domesticado y algo cursi al que hemos reducido la palabra. El amor como vínculo, como aquello que verdaderamente nos une y mantiene juntas cosas aparentemente separadas. Una suerte de magnetismo de la existencia: frente al miedo que separa, el amor acerca y produce vínculo. Quizá por eso esta obra «rara» funciona, porque El Brujo hace sobre el escenario exactamente lo mismo que propone con sus palabras: conectar lo que creíamos distante con aquello que nos atraviesa hoy. Y uno sale pensando que tal vez esa segunda venida de Cristo de la que habla Yogananda no consista en esperar el regreso de nadie, sino en reconocer algo que siempre estuvo ahí y que, por alguna razón, hemos dejado de mirar.
«Vais a salir de aquí diciendo: tienes que ir a verla… es rara». Y sí. Uno entra a ver La segunda venida de Cristo o el yoga de Jesús pensando que va a echarse unas risas y sale, casi sin darse cuenta, con una pregunta cercana y urgente: ¿qué fuerza está moviendo hoy nuestras vidas? Y tal vez, en estos tiempos, lo más raro sea precisamente detenernos a preguntárnoslo.

















«Vais a salir de aquí diciendo: tienes que ir a verla… es rara». Lo advierte Rafael Álvarez El Brujo casi desde el principio. Y sí, La segunda venida de Cristo o el yoga de Jesús es rara. Afortunadamente rara. Porque uno entra al Teatro Alcázar dispuesto a escuchar una historia sobre Jesús, Yogananda y los antiguos yoguis de la India y termina, casi sin darse cuenta, asistiendo a una particular cátedra sobre la realidad.