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  • Foto del escritorManuel Alméstar

Doña Francisquita: 100 años y nunca más joven

Actualizado: 11 jul

 

En el centenario de la primera representación de "Doña Francisquita" en el Teatro de la Zarzuela, la obra maestra compuesta por Amadeo Vives vuelve a brillar en una producción que reafirma su lugar en el corazón del patrimonio musical español. Con textos cantados de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw, inspirados en "La discreta enamorada" de Lope de Vega, esta zarzuela sigue siendo un referente imprescindible de nuestro repertorio. El Teatro de la Zarzuela ha recuperado esta joya en una producción dirigida por Lluís Pasqual, quien también se encarga de los textos hablados. Coproducida con el Gran Teatre del Liceu y la Opera de Lausanne, esta puesta en escena no sólo celebra la grandeza de la obra original, sino que también presenta una narrativa innovadora y envolvente.



La joven Francisquita, interpretada con gran maestría por Sabina Puértolas, es uno de los personajes más reconocibles y queridos de la zarzuela. La interpretación de Puértolas en la romanza "Canción del Ruiseñor" fue un momento cumbre, mostrando una técnica vocal estilizada y emotiva. Junto a ella, Ismael Jordi en el papel de Fernando y Ana Ibarra como La Beltrana, ofrecieron actuaciones sólidas y llenas de matices. Especial mención merece Milagros Martin, gran conocedora de esta obra habiendo interpretado el rol de la Beltrana en múltiples ocasiones, ejecuta con una maestría actoral, una voz de gran carácter, profunda y potente el rol de Doña Francisca (madre de Francisquita). Siempre es un placer degustar el buen hacer y el arte de Martín en escenario.


La dirección musical de Guillermo García Calvo, conocido por su trabajo en "La Dolores" y "Pan y Toros", se destacó por su precisión y detalle en la interpretación de la partitura. Cada número musical resonó con la alegría y el gozo inherentes de la obra. Lluís Pasqual ofrece una innovadora visión de "Doña Francisquita", situando la acción en tres momentos históricos diferentes. Un estudio de grabación radial en 1934 enmarca el primer acto. Un escenario cuasi- apretujado donde se prepara el disco de la obra y donde no se puede perder ni una respiración, ni una expresión, etapa en la que había que hacer ejercicios de inventiva para recrear imágenes en la mente y en donde el sonido era el canal único donde despertar historias. El segundo acto, un plató de Televisión Española en 1962 donde se ajusta una transmisión en directo. En este acto el escenario se amplia y da pie a una mayor especialidad y una combinación de elementos simbólicos y figurativos que acercan a la historia. Finalmente, el tercer acto nos regresa al propio escenario del Teatro de la Zarzuela, donde se realiza un ensayo contemporáneo al espectador. Este acto abre por completo la boca teatral y cual imán, el público es absorbido en el propio escenario siendo parte de la misma obra. Este ambicioso enfoque escenográfico, obra de Alejandro Andújar, junto con la iluminación de Pascal Mérat y el diseño audiovisual de Celeste Carrasco, crea una experiencia visual y emocional profunda. El público es invitado a explorar ángulos y perspectivas que normalmente sólo se disfrutan desde el escenario y entre bastidores.


El Coro Titular del Teatro de la Zarzuela, protagonista en momentos memorables como “Cuando un hombre se quiere casar”, “Coro de Románticos” y el “Canto Alegre de la Juventud”, ofreció una actuación que llevó al público a los clímax de la obra. Sin embargo, algunas imprecisiones temporales fueron notables. La coreografía de Nuria Castejón, ejecutada por un talentoso grupo de 12 bailarines, vibró con energía en diferentes momentos y estilos. Destacó especialmente la interpretación del Fandango, inicialmente interpretado por la inmensa maestra de las castañuelas, Lucero Tena, en una colaboración especial encomiable.


Esta producción de "Doña Francisquita" no sólo honra la obra original de Amadeo Vives, sino que la reinterpreta de manera que resuena con el público contemporáneo. Un esfuerzo conjunto de dirección, actuación, música y diseño que nos recuerda por qué esta zarzuela sigue siendo una joya brillante de nuestro patrimonio cultural.


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